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viernes, 18 de septiembre de 2009

Cría cuervos...

Hemos advertido más de una vez la tentación de los grandes medios de comunicación de hacer política tras la ideología...

PABLO ESTEBAN DAVILA

pedavila@lmcordoba.com.ar
Hemos advertido más de una vez la tentación de los grandes medios de comunicación de hacer política tras la ideología del “periodismo independiente”. Probablemente haya sido Clarín el grupo que con mayor consistencia haya cultivado este peculiar modo de ejercer presión sobre los poderes constituidos para lograr determinados favores o -simplemen- te- forzarlos a desistir de ciertas iniciativas, todo en aras de la libertad de expresión.Mientras que los hombres públicos tienen múltiples restricciones legales en su actuación al frente del Estado, el periodismo goza de la más absoluta libertad para decir lo que, conforme su saber y entender, es la realidad de los hechos. Pero tal entendimiento nunca es neutral. Detrás de sus crónicas u opiniones, los periodistas eligen continuamente. Algunos lo hacen de forma explícita, otros subrepticiamente, pero siempre hay valoraciones subjetivas frente a los políticos y a sus acciones, al punto tal que muchos cronistas compiten con los políticos por la consideración del público.Clarín es un grupo experto en promover sus intereses detrás del dogma de la libertad de prensa. A nadie se le escapa pasada militancia en contra de Carlos Menem, fundamentalmente durante su segundo mandato, y la simétrica promoción de los líderes emergentes del extinto Frepaso, tales como Chacho Álvarez o Graciela Fernández Meijide, entre otros progresistas de nota.

Por paradoja del destino, muchos de sus mimados de antaño han terminado ahora votando una ley elaborada pura y exclusivamente en su contra.Tampoco puede ignorarse que Clarín haya pensado y operado como un “partido político extraconstitucional” a lo largo de estos años de democracia. Existen innumerables ejemplos de ello, pero nada más evidente que “Ley de Medios Culturales” arrancada al ex presidente Eduardo Duhalde en 2002 para evitar que los acreedores externos del grupo (fuertemente endeudado en dólares) se hicieran cargo de su control accionario. Probablemente por ello, y reforzado por su encono contra el menemismo, Clarín haya trabajado desembozadamente por la candidatura de Néstor Kirchner hacia 2003 quien, como se sabe, era el pollo de Duhalde.Fue en esta dirección que sus periodistas pasaron por alto los peligros institucionales que entrañaba el Congreso de Lanús (en los hechos, la partición del peronismo) porque sabían que una elección interna dentro del PJ hubiera liquidado las chances de aquel desconocido santacruceño frente al carismático riojano.

Posteriormente, y luego de la defección de Menem en la segunda vuelta presidencial, Clarín se dedicó a ensalzar las políticas del presidente Kirchner con una lealtad digna de mejores causas, entre ellas, la sorprendente militancia por los derechos humanos de alguien que jamás había hablado del asunto o sus extravagancias en materia de gasto público. Entre otras cosas, el multimedio ignoró sucesivas tropelías contra la institucionalidad, desplegando ternura y comprensión frente a las tendencias hegemónicas cada vez más inocultables del kirchnerismo. Claro que desde el gobierno se le correspondió toda vez que se pudo: el 7 de diciembre de 2007 se autorizó la compra de Cablevisión a Multicanal, lo cual le otorgó a Clarín el negocio casi monopólico de la TV por cable en numerosas ciudades del país, Córdoba inclusive.Pero todo esto tiene un costo. El que juega a la política desde los medios de comunicación corre el inmenso riesgo de ser confundido como “propia tropa” por el poderoso favorecido por tal ocasional oficialismo editorial. Por eso, cuando Clarín decidió apartarse de la implosión del poder K tras la Resolución 125, la reacción del poder fue esperable. Lisa y llanamente, se lo consideró como un “traidor” abyecto. El término no deja lugar a dudas, pues sólo se acusa de traición a quién se considera como parte del equipo. Y, en política, con los traidores no suele haber piedad.La vendetta contra Clarín es parte de una tragedia griega, en donde sus hijos mediáticos (tanto el progresismo nacido en el menemismo tardío como el kirchnerismo parido en el Congreso de Lanús) se han vuelto contra su padre de papel, llenos de ira y resentimiento.

La explicación es bastante mecánica. Acostumbrados a la comprensión el monopolio para con sus veleidades políticas y con su ideología demodé, ni las Conti, ni los Kirchner ni los Raimundi pueden entender por qué el medio que los proyectó a la fama les dio la espalda cuando más lo necesitaban. No queda, pues, otro remedio que la venganza, aunque ésta suponga muchas víctimas inocentes, ajenas a este drama de intrigas y presiones tras bambalinas. La moraleja es propia de nuestras abuelas: “cría cuervos y te sacarán los ojos”.La gran lección de la polémica iniciativa de medios audiovisuales es que la prensa no puede jugar a ser un partido político disfrazándose de “independencia” sin terminar pagando un precio. Tarde o temprano se descubre la trama. Clarín estuvo haciendo equilibrio demasiado tiempo sobre la delgada línea que separa la lisa y llana extorsión de la indulgencia interesada en su relación con los poderosos de turno. Esta vez le picaron el boleto. Lamentablemente, las consecuencias de este conflicto soterrado serán pagadas por toda la sociedad bajo el formato de una ley, llena de promesas sombrías.


Fuente: La Mañana - Viernes 18 de Septiembre de 2009

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